LA OMNIPOTENCIA SUPLICANTE
Por: José Rafael Araujo Nigrinis
Releyendo la Historia de la
literatura española e hispanoamericana de Mauro Armiño, encontré en el
apartado del Mester de Clerecía menciones a los Milagros de Nuestra Señora
de Gonzalo de Berceo. La obra de los Milagros, aunque escrita en el siglo XIII,
narra hechos e historias que vienen de los siglos XI y XII, y tiene como eje
central la actitud maternal y protectora de la Virgen María, reflejada a la
perfección en "El monje embriagado". En este milagro, la piedad
mariana no premia la perfección, sino que ampara la debilidad humana. Cuando un
monje —tan devoto de Ella como del vino— es atacado por el demonio, la Virgen
interviene físicamente para ahuyentarlo. Lejos de juzgarlo con dureza, lo
acompaña, lo acuesta y lo cubre con un gesto entrañable y doméstico.
481.
El monge que por todo esto avié pasado,
De la carga del vino non era bien folgado,
Que vino e que miedo aviénlo tan sobado
Que tornar non podió a su lecho usado.
482.
La reina preciosa e de precioso fecho
Prísolo por la mano, levólo pora’l lecho,
Cubriólo con la manta e con el sobrelecho,
Púso’l so la cabeza el cabezal derecho.
483.
Demás, quando lo ovo en su lecho echado,
Sanctiguó’l con su diestra e fo bien sanctiguado;
Amigo –díssolo- fuelga ca eres muy lazrado,
Con un poco que duermas luego serás folgado.
484.
Pero esto te mando, a firmes te lo digo,
Cras mañana demanda a fulán mi amigo;
Confiésate con elli e serás bien conmigo
Ca es muy buen omne e dart’t á buen castigo
Estrofa 481
El monje, que había pasado por
todo esto, aún sentía los efectos del vino; entre el miedo y el alcohol, no
pudo volver a su cama habitual.
Estrofa 482
La maravillosa reina, de preciosa
obra, le tomó de la mano, lo llevó a la cama, lo cubrió con mantas y le acomodó
la almohada bajo la cabeza.
Estrofa 483
Después de acostarlo, lo bendijo
con su mano, diciéndole: «Amigo, descansa, que estás agotado; un poco de sueño
te aliviará».
Estrofa 484
«Pero te ordeno esto, escúchame
bien: mañana busca a tal persona, amigo mío; confiésate con él para estar en
paz conmigo, pues es un buen hombre y te dará un buen consejo».
La Virgen es la gran intercesora.
Dios Padre y Jesucristo son vistos como figuras de autoridad máxima y jueces
—el Pantocrátor— ante quienes la humanidad se doblega con un temor reverencial
e invencible frente a la amenaza de la condenación eterna.
Ante la necesidad de un puente
humanizado entre el Dios juez y el hombre pecador, María asumía el rol de
abogada de los desvalidos. Se creía que, tras la muerte, el diablo y la Virgen
se disputaban el alma del difunto. El demonio actuaba como fiscal, acusando con
la ley en la mano, mientras María ejercía la defensa. Bastaba que el pecador
demostrara su devoción con un Ave María, una penitencia o la confesión para
asegurar su amparo.
Desde el punto de vista
teológico, la Virgen es la "Omnipotencia Suplicante". Por su
condición de madre del Creador, su capacidad de intercesión es tan inmensa y
perfecta que Dios jamás rechaza sus peticiones. Ella no se atiene a la
perfección moral, sino que, por su amor incondicional, valora la fidelidad y el
afecto filial de sus devotos.
En los Milagros de Nuestra
Señora, Berceo rescata a ladrones, clérigos corruptos y monjes borrachos.
"¿De dónde a mí que la madre
de mi Señor venga a mí?".
Valledupar, Casa é Campo, Solar La
Elisa, 29 de julio de 2026, día de Santa Marta



